sábado, 7 de enero de 2012

¡¡Nos vamos de viaje!!

    En casa después de un fin de año increíble y un viaje por toda Italia. Se partió desde Torino, y después de unas siete horas de viaje en coche se alcanzó Tortoreto, el sur de la "Bota". Espectacular, la llegada, con el amanecer en la playa. Desagradable, que tuviéramos que dar miles y miles de vueltas porque a "Consuelito", el GPS, se le empeñó hacer una ruta turística por toda la ciudad y para más INRI nuestros amigos estaban durmiendo y no oían nuestras suplicas convertidas en llamadas telefónicas.
   Una vez sufrida toda esta Odisea, pudimos llegar y descansar un poquito en los pocos huequitos que había. Cuando el sueño tenía concebido y estaba degustando las delicias de la narcolepcia pude sufrir  como un estruendo cacofónico invadía mis oídos, como si fuese el motor viejo de un avión, como el ordenador antiquísimo de Olivia (llamado "nono" por todos los compañeros de piso). Aquella disonancia estruendosa provenía de un secador del pelo, y como yo estaba hartísismo, grité: ¡Jennifer, no puedes secarte el pelo en otro momento!, ella me contestó que estaba en la cama y que también la había despertado el escandalo del aparato. Tardó cerca de una hora en requemarse su preciada caballera, para luego comprobar que era un chico con una larga melena negra y estropeada como si Sansón se dedicara a hacer anuncios de champúes para el cuero cabelludo pero con mucha música heavy de fondo. Pero como buen invitado a una casa nueva, me callé. ¡Chitón!
   La velada de fin de año fue extraña, pero divertida; sin uvas, pero con ilusión. Como todos los fines de año en los que la persona que da el cierre a la velada con ganas de fiesta, ya que todo el mundo se fue pronto a la cama, fui yo, aunque no hubiese dormido nada a causa de Ozzy Ousbourne. Por lo que a las 6:30 de la mañana me pusé a limpiar platos y a recoger todo. Empezar el año haciendo alguna tarea doméstica da hambre, mucha hambre, así que decidí calentar un poco de pasta ya cocinada y repartirla entre todos, volviéndo loco al personal, sobre todo al despertador automático proveniente del grupo de heavy metal. (La frase exacta fue "Voi un po' di pasta?"). La tortura que le hice fue monumental, el pobre se largó de la habitación en la que estaba yo para no oírme, pero después de un largo tiempo me percaté de unos ruidos en la cocina y todos nos dimos cuenta que el muchacho se había puesto a comer pasta a las  7.00 de la mañana provocando que nos descojonáramos a lo grande.
  Después de Tortoreto nos pusimos rumbo a Roma, donde teníamos reservado un albergue que lo regentaba un señor que vestía chándal de los colores de la bandera de Brazil y su estómago parecía que se había tragado un mismísimo balón de fútbol, y si a eso le añadimos sus problemas respiratorios y sus formas de andar, pues parecía que nos iba a descuartizar lentamente, poco a poco. Descansamos, disfrutamos de Roma y volvimos al hostal a buscar nuestras cosas y vaciar la vejiga. Pero justo antes de salir encontré un billete de 50 EUROS en la puerta, los cogí y me fuí, sin pensar, y una vez estuve fuera, Jenni me gritó que corriera. Por lo visto, esos 50 euracos eran del propietario del albergue que se le habían caído sin darse cuenta.  ¡Vamos! que con ese dinero recuperamos la estancia de esa noche y nos dio para pagar otra noche en Florencia. ¡Dios nos salve de todos los "Arram pa' mi" que habremos hecho en nuestras vida!. :)

   Después de un fabuloso viaje a Florencia-Firenze, ciudad del arte, pasando por la simpatía de  nuestros amigos asiáticos  que querían que jugásemos al "UNO" pero el sueño se nos cautivó a  todos, regresamos a Pisa donde habíamos aparcado el coche para luego ir de vuelta a casa. Después de un par de horas conduciendo y pasar por una ciudad costera llamada Rapallo, volvimos a Torino, hogar dulce hogar, teniendo la experiencia de nuestras vidas y sabiendo que los estudiantes jóvenes europeos en Italia no tienen derecho a pagar menos en los museos. ¬¬

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