miércoles, 28 de diciembre de 2011

Fría navidad de Torino

   El invierno ha desplegado una delgadísima capa gélida sobre la ciudad. Las temperaturas han descendido considerablemente, provocando que abrigos, guantes y gorros se  conviertan en la segunda piel de los transeúntes desafiantes ante los pequeños céfiros que arrojan aguijones contra sus caras. Estos rejos han invadido mi interior, y por primera vez en semanas, he sentido el abundante frío, mucho frío.
  La cena de Navidad ha sido muy especial, aunque esté en la distancia, porque cada uno de nosotros colaboró con la elaboración de la comida, siendo, por primera vez, "mi cena, en mi casa". Preparar la cena de navidad no es cosa fácil pero hemos sabido entendernos con los pocos utensilios y los aparatos de la cocina, dando como resultado una comida exquisita donde había pollo en salsa, papas arrugadas, empanadilla de atún y revuelto de gambas (¡Dios, me da hambre solo de recordarlo!). 
   La comida fue rara, ya que estábamos solo nosotros, pero no se alejaba de nuestras típicas cenas en familia, donde se comenzaba con risas y fiestas, pasando por momentos de desfase luego, y antes de llegar al final de la velada se mostraban las teorías existenciales, explicadas bajos los efectos del alcohol o sin este. En fin, la cena fue una cena más de navidad, donde la comida salía por las orejas, donde se rió a carcajadas por bobadas y donde también se lloró.
     Ese mismo día, se me ocurrió la genial idea de escribir una carta a mis padres contándole cosas que jamás había dicho, pero que todos sabemos. No pude acabarla casi e hizo que estuviera susceptible todo el día, por lo que cuando mi familia y yo tuvimos nuestra conexión vía "Skype", no pude parar de llorar. Y si a esto, le sumas que tu padre te cuente la historia de cuando tuviste gastroenteritis de pequeño y vociferabas a puro pulmón a través del cristal del hospital que te dejaran salir, pues sinceramente no ayudó mucho.
Seguramente estas fotos
 no aparecerían en
 ningún reportaje turístico
     Lloré porque los quiero y porque sentí frío, sentí que no estaríamos juntos en Navidad, que sería la primera vez en mi vida. El Erasmus está siendo una experiencia fructífera en miles de sentidos, pero aún así, quería estar por un momento, comiendo apretado en casa de mi abuela, donde se cuentan chistes propios de vodevil de carretera, donde se come por doquier, donde hay calor en las miradas, donde vivía, donde regresaré.
Imágenes dolorosamente reales
     La lejanía hace que esté pendiente al cien por cien de lo que me rodea, observándolo todo, sin dejar detalle. Soy el Gazel de esta ciudad. Por eso puedo ver que es mi primera navidad sin regalos, sin compras exuberantes, sin adornos, donde solo estamos el sentido real de la navidad y yo. Pero las calles se llenan de gentes que buscan el calor en tiendas y en artículos de mucho valor, dejando a aquellos que no tienen nada en la calle, en la absoluta escarcha. Gentes que viven de la limosna, que piden lo ínfimo para llevarse a la boca. Gentes que viven de revolver la basura. Gentes que viven en el dolor y que solo ruegan ser escuchados. Yo he visto a esas gentes, y he visto a animales pasar cerca de ellos, alejándose fugazmente por miedo a ser contagiados, ya que ninguno de nosotros estamos exentos de recibir el frío de la calle, de recibir el frío de la soledad.

"Honraré la Navidad en mi corazón y procuraré conservarla durante todo el año." Charles Dickens.

¡¡Gracias por tu visita Judit, por ser una persona tan inspiradora!!

     

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Realmente maravilloso, espero que disfrutes al máximo de esta experiencia y a pesar de los contras te resulte gratificante.
Que tengas unas felices fiestas y un beso enorme con un gran abrazo!
Loreto :)

Anónimo dijo...

Y al ver ese frío es cuando te das cuenta de que el calor de los que quieres y de aquellos a los que quieres es importante en la vida, al igual que una mirada cálida o una sonrisa desde el horizonte. Envuelta en palabras te mando una, Ricky ;)
Muy buena la entrada. BiSoUs desde París... tu primera visitante