jueves, 2 de febrero de 2012

A un dos de febrero.

          Quién me diría a mí que hace un año estaría festejando mi cumpleaños en un lugar como Italia. Si en todas aquellas veces en las que cumplir años era algo pesimista y desagradable hubiera sabido que estaría donde estoy lo hubiese pasado mejor. Pero esta vez ha sido algo distinto, algo que olvidé, como numerosas cosas, porque no me caracterizo por tener una gran memoria en las cosas cotidianas y diarias.
         Quizás los exámenes, el frío, la nieve que ha envuelto la ciudad, no lo sé. Algo ha hecho que me despistara y no reaccionara a que cumplía 22 años, la representación de la fecha en la que nací, dos de febrero. Empiezo a darme cuenta que estoy perfectamente aquí, aunque echo de menos a los míos, pero aún así siento que mi sitio está aquí, en esta o en otra ciudad, sin importar cuán grande sea, pero no en un lugar cercado de licor azul que cierra numerosas posibilidades en mi vida. En estos momentos estoy descubriendo un nuevo mundo, tanto exterior como interior, ahora quiero hacer numerosas cosas que jamás se me ocurrieron, aunque habrá gente que jamás hubiese pensado que yo las haría. Ahora tengo deseos de vivir en el presente, alejarme de una vida en la que el "Y si hubiera hecho..." se convierta en un mandamiento. Ahora, ahora creo que voy a arriesgar, voy a arriesgarlo todo.
          Me beneficiaré de los copos de nieve que se precipitan contra el suelo, mientras céfiro los enlaza y los empuja contra el vacío. Algunos corren la suerte de amontonarse en las ramas de los árboles que desquebrajan el  níveo cielo, pero otros se despeñan contra el suelo húmedo, sin posibilidad de aglomerarse, solo pueden ser hielo inerte y no belleza, belleza blanca que cubre parques y tejados. 

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