miércoles, 30 de noviembre de 2011

Due Mesi Già!!! (¡¡Dos meses ya!!)

        Sí, lo sé, me he saltado a la torera lo de que el blog iba a ser mi diario de abordo y que iba a escribir todo lo que sucediera. Sin duda alguna me he dejado llevar por la emoción del Erasmus, que ha hecho que pierda completamente mi rumbo en numerosos sentidos. Pero una vez que he tenido mi etapa más bacanal y lujuriosa, debo encarrilarme y tener también mi etapa catártica que comienza ahora, y esta vez espero que se quede hasta final del Erasmus.
         Así que como castigo debo hacer una síntesis de todo lo ocurrido hasta ahora, todo aquello que es para todos los públicos y que no hiera la sensibilidad del espectador. Así que remontémonos a ese 29 de septiembre en el que esperamos doce horas a un avión que nos llevó a nuestra ciudad de destino, la ciudad donde comenzaron las mil y una aventuras.
       Después del caótico viaje, en el que tuvimos que repartir nuestro equipaje a otros pasajeros para poder rebasar "La Aduana del Sobrepeso" que impone Ryanair, y conseguir llegar a nuestra humilde, muy humilde morada. A partir de ahí, hemos sufrido otras numerosas historias: como la de tener un coordinador que no sabía ningún idioma conocido en la faz de la tierra y que nos hizo darle mil vueltas a nuestro programa de asignaturas o a los miles de problemas que hemos tenido con la oficina de Erasmus, cuyos niveles de conocimientos sobre la informática eran más escasos que el pelo de un budista.
        A todo eso se le añade los malentendidos con el idioma, ya que después de dos meses seguimos haciendo la compra con el maravilloso lenguaje de signos, o sea, con las manos indicamos lo que queremos y cuando se sobrepasa el comerciante le decimos "STOP", palabra que paradójicamente no pertenece ni al italiano ni al español.
         No hay numerosos lugares a los que hayamos ido aunque hay que destacar la visita a Los Alpes, la cual trajo como consecuencia que nos perdiéramos en la montaña y que estuviésemos andando durante más de dos horas con calzado poco apropiado para la nieve. De esta experiencia incluso hay una prueba audiovisual para dejar constancia que el frío puede hacer que pierdas completamente la razón.

    En casa los cuatro nos llevamos bien, algunos mejor que otros, pero se nota que hay muy buena química entre todos, sobre todo cuando empieza la "hora de terciopelo", o sea, esa hora en la que Gabriel saca disfraces de lugares inhóspitos, u Olivia canta canciones de Navidad cuando quedan tres meses para dicha fecha, o Jenny nos contagia a todos con su risa floja. En cambio, yo, siempre tan modosito y callado, intentado no pervertir a los demás y alejándolos de todo tipo de actos impuros y pecaminosos. :)
    Ahora que estoy lejos de los míos siento que los tengo más cerca que nunca, porque me acuerdo de mi madre cuando se va acercando mediados de mes y tengo que jugar al ajedrez con mi cartera para pagar los miles de gastos. En cambio, a mi padre, lo tengo presente cuando voy por toda la casa apagando luces, cerrando grifos y reutilizando el aceite hasta la saciedad como si el demonio del ahorro te hubiese poseído. Es cierto que los hecho mucho de menos pero tengo que reconocer que nunca me había sentido tan afortunado y radiante como ahora.
      En lo que respecta a mis sentimientos actualmente, tengo que decir que estoy rebosante de alegría, porque no solo es una experiencia nueva sino que la ciudad es preciosa y nunca deja de asombrarte. Se respira belleza por cada uno de sus rincones, se observa arte en el aire y se siente el calor de la gente que se contrapone con el frío del tiempo. Cada día, cada hora, cada minuto, Torino, mi hogar.

     

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